Mi experiencia con mi camión Volvo
Fernando Ortiz Villacrés, presidente de la Confederación Ecuatoriana de Transporte Pesado
Es tecnólogo en Gestión y Planificación de Transporte.
SANTO DOMINGO DE LOS TSÁCHILAS
Nosotros siempre hemos tenido la línea Volvo. Somos transportistas de tercera generación: mis abuelos, mi padre y sus hijos. La mayor parte del tiempo hemos preferido Volvo por su confiabilidad.
Además de la herencia transmitida a nosotros, hemos elegido Volvo porque es uno de los camiones más sofisticados en línea de transporte pesado. Es un camión en el cual ponemos toda la confianza para ingresar a la Amazonía que tiene las rutas más difíciles. Su mecanismo es de doble reducción al cubo, no es de eje directo lo cual da mayor confiabilidad, agarre, gran presencia y fortaleza. Por eso nos hemos mantenido con Volvo por cerca de 30 años.
Fui conductor de los camiones de mi padre Juan Ortiz por 25 años hasta cuando llegó la hora de que los hijos “armemos nuestra propia carpa”. Salimos con la satisfacción de haberle apoyado para crear nuestra propia empresa, la Corporación Logística del Ecuador.
Hasta la cuarta generación
Es la Corporación convergemos como socios mi padre, mis dos hermanos y nuestros hijos. Mi padre fue dirigente siempre. Cuando decidimos retirarnos afianzamos nuestra propia empresa con nuestros propios camiones y, cuando el tiempo nos permite, continuamos conduciéndolos.
Los camiones se le pegan en el alma, pasan a ser parte de la vida misma.
Se convierten en nuestros compañeros, porque ahí manejamos, dormimos, comemos; en nuestros camiones hacemos nuestra forma de vida. También, dependiendo del tipo de carga que se transporte, hay veces que nos toca quedarnos en la vía, en las refinerías o en los lugares de descarga y los camiones se convierten en la casa rodante.
Es un tema entrañable que, cuando se vende los camiones, nos ha sido difícil, duro, complejo separarnos de nuestras unidades cuando lo hemos hecho por reponer o renovar.
El camión se convierte en la familia y hay que darle el cuidado que se merece. Así como en casa la madre cuida la escuela, el colegio, la alimentación de los hijos; así mismo es con el camión: los repuestos, mantenimiento, combustible, la conducción y sobre todo el cuidado que hay que darle. Uno se familiariza tanto que parecería que el mismo camión, cuando cambia de propietario, como que se resiente y hasta podría afectarse en su mecanismo (¿será la nostalgia?).
El recuerdo de uno de ellos
Con cariño recuerdo a mi primer camión propio un Volvo NH12 año 2008 que lo compré a mi cuñada luego del fallecimiento de mi hermano mayor -Mario- que también era transportista. Lo recuerdo con mucho cariño porque con él obtuve todo lo que Dios me ha dado: estabilidad económica, empresarial y familiar. Todo eso salió del trabajo con ese camión, por eso es que lo recuerdo con mucha pasión y agradecimiento.
Los camiones, al constituirse en parte de nuestra vida, que sean bien tratados. Quienes salimos a la carretera, hoy vivimos momentos de inseguridad, y por ello hay que viajar con los cinco sentidos. Antes había menos vehículos, hoy son numerosos y esto hace que la responsabilidad se incremente. Por eso, al conducir nuestros camiones hagámoslo con la bendición de Dios.